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jueves, 23 de julio de 2009

Qué buena que estoy!!!



Siempre que voy por la calle oigo esta frase varias veces al día, es que estoy muy buena y es evidente.

Con mi 1'78 de altura y mis 56 quilos de peso nadie se resiste a mirarme. Por si fuera poco suelo utilizar zapatos con tacón bien alto y que me hacen llegar al 1'83 perfectamente. Y camino a paso firme como si fuera a comerme el mundo y si los tacones hacen mucho ruido mejor que mejor. Qué se note que paso yo!!

Me encanta depilarme a menudo, hacerme limpiezas de cutis y corporales, hacerme la manicura y pedicura y con brillantitos a ser posible, hago mucho deporte, voy semanalmente a la peluquería, soy capaz de comer una manzana en todo el día para no engordarme... todo para estar siempre impecable. Visto con ropa exclusiva italiana, cara y extremada para no encontrarme con otra con la misma ropa que yo.

Sí, soy muy guapa. Tengo más amigos que amigas y no me extraña, porque las mujeres sienten celos de mí, se sienten incómodas sobre todo cuando están con sus parejas. Y para que negarlo a mí me encanta.

Es que lo tengo todo, un físico espectacular, inteligencia, simpatía, estudios, un buen trabajo, cobro un pastón... Ah, porque siempre he sido una perfeccionista en todo, en la "Uni" era la que más buenas notas sacaba en todo, y la que aprobé la carrera con matrícula de honor, la que en el trabajo todo lo hago mejor, la más divertida cuando estoy con amigos, y eso como comprenderéis crea mucha rabia hasta en mi propia familia.

No puedo hacer nada para evitarlo, soy así.

Con los hombres nada serio, querría tener una relación estable pero me gustan tanto los tíos que sería incapaz de ser fiel a uno. Y es que me basta cruzar dos palabras con alguien para irme a la cama rápido con él. Y no me importa si están casados o solteros, sólo me los imagino desnudos y como debe ser su miembro. Soy una máquina sexual. La única condición que miro es que estén bien buenos, porque con un cardo borriquero no me voy ni a la vuelta de la esquina.

Mi vida es así, yo soy feliz de esta manera. Utilizo a los hombres como se me antoja.

No soy creída, ni soy odiosa, quien diga lo contrario es que tiene celos de mí, jajajajajaja.

sábado, 18 de abril de 2009

Buck Gómez


Hace muchos años, una noche mi marido (en aquel momento novio) y yo fuimos a cenar a un restaurante. Al salir nos fijamos que había un perro que perseguía a todas las personas que iban saliendo de aquel restaurante. La gente lo apartaba a patadas prácticamente y le dije a mi marido “vamos, vamos, que se nos engancha el perro y no nos lo sacaremos de encima”. Así que nos dirigimos al coche y ya teníamos al perro allí a nuestro lado. Nos lo quedamos mirando, y con sus ojitos parecía pedir ayuda, estaba supersucio, era un saco de huesos, se le marcaban las costillitas y con heridas por el cuerpo. Mi instinto me pidió acariciarlo, pero sentí asco a la vez que penita. Total que lo miramos, y decimos “nos lo llevamos?” “Y si es del restaurante?” “Y dónde lo tendremos?”. Teníamos ya el piso, pero no teníamos ni muebles, estaba vacío puesto que aún no vivíamos allí. Y mientras empezamos a pensar, dudando si era conveniente o no llevárnoslo, pros y contras, decimos: “Nos lo llevamos, le damos de comer y mañana por la mañana lo llevamos al veterinario de nuestro vecindario para que lo vea, y ya está.”

Y abro la puerta del coche y pam! el perro da un bote y se sienta en mi lugar. Y yo de vuelta, sentada en la parte de atrás. Y camino de casa, le miro a los ojos al perro y él con una mirada intensa me mira a mí. Me gustaba mucho, pude ver que debajo de tanta suciedad y tristeza había un hermoso y bonito perro. No sabíamos aún si era macho o hembra.

Llegamos a casa y sólo teníamos tortas con azúcar y se las dimos todas. Por la mañana dicho y hecho, fuimos al veterinario y cuando lo vió quedó desmoralizado. No llevaba microchip y su estado de salud era lamentable. Estaba deshidratado, desnutrido y su peso estaba muy por debajo de lo que debería tener. Calculó que llevaba días sin comer y que las tormentas de los últimos días las habría pillado todas. Tenía resina de pinos, pinchos, en su pelaje. Debería tener un año aproximadamente. Era macho. Y quedamos que buscaría por la zona donde lo encontramos por si alguien lo buscaba y que si en 15 días no había nada que nos lo quedáramos. Y a mí se me escapó en voz alta: “Ojalá nadie lo reclame”. Y el veterinario sonriendo me dijo: “Te has encariñado ya!, hemos de seguir el protocolo”.

Las fotos tomadas en aquel momento muestran el estado lamentable que se encontraba, durante un año las visitas al veterinario fueron continuas controlando su peso y estado en general. Tenía pánico a salir a la calle y lo hacíamos tirando de él y él con la cola entre las piernas. Una vecina nuestra le tiraba comida desde su ventana porque decía que lo veía muy canijillo. Hasta que le explicamos lo que sucedía y que estaba en tratamiento.

Buck, hoy es mayor, es un perro que nunca ha enfermado, feliz, con un agradecimiento infinito con nosotros. Lo más cariñoso que existe en la tierra. La única secuela que le ha quedado es el pánico a la calle, a las aglomeraciones de gente, lo tenemos que sacar a pasear en horas tranquilas.
Buck, no se separa de mi cama cuando yo he estado enferma. Cuando me levanto por la mañana él está en la puerta de mi habitación para ser el primero en recibirme. Cuando nos hemos ido de vacaciones y lo hemos dejado con algún familiar, no come y se queda en la puerta de la casa todo el día esperando nuestro regreso.
Buck ha visto nacer a mis tres hijas, se han criado con él, le han hecho las mil perrerías y él las adora. Hace un año le dimos un compañero de juegos, un cachorro y se pasan el día jugando y mordiéndose las patas mutuamente.
Pero como iba diciendo, hace 14 años Buck volvió a vivir, y se convirtió en un bonito perro, ágil, saludable, inteligente, aunque ahora tenga achaques propios de su edad.
Y humildemente os daría un consejo: Si deseáis recoger un perro de una perrera, no os quedéis con el más bonito y sano, sino al más necesitado, que como dice el título: es una experiencia muy, muy gratificante.
Con él hemos vivido miles de aventuras y anécdotas superdivertidas.

domingo, 22 de marzo de 2009

Dolor

De ese dolor de no poder volver atrás.
De ese dolor que como un puño se instaló en el estómago de ella. Sabía que por su culpa la familia quedaba rota para siempre, que sus hijos no tendrían ya la familia que habían presumido ser durante años. Sí, ella se sentía culpable, pero no podía dominar los sentimientos que en su interior habían aflorado de un tiempo a esta parte. Su marido no entendía nada. ¿Qué le había pasado? Ni ella lo sabía.
¿Cuándo fue la última vez que besó a su marido con pasión? Se le escapó una sonrisa… ya ni se acordaba.
El inmenso amor que sentía por su marido se le había esfumado. Como si su amor hubiera tenido fecha de caducidad llegó un día en que se sintió fría, sintió que ya no estaba enamorada, que no lo deseaba. Ahora sólo quería empezar de nuevo con sus hijos y volver a sentirse viva.
¿Cómo comenzó esta espiral que la había llevado a acabar con tantos años de matrimonio? El día que pidió hablar con el director de su banco.
Estaba indignada por un trámite a su cargo que ella no estaba dispuesta a pagar y que mes a mes le iban cobrando y pese a hablar con la cajera no se solucionaba. Así que pidió hablar con el director y la cajera le dijo que en un segundo la atendería. Cuando entró se quedó helada. El director era su novio de la adolescencia. Nunca más lo había visto, pero allí estaba él guapísimo. Un poco trastornada empezó a explicar su situación, mientras su cabeza daba vueltas:
- No me reconoce. Me ha de reconocer. Yo no he cambiado tanto. Por qué no me dice nada? Tan poco importante fuí que ni se acuerda de mí. Y a mí tanto que me costó olvidarte…
El director fríamente le dijo que no tenía razón. Y ella traicionada por sus propios pensamientos empezó a gritarle, a intentar defender su versión, o acaso haciéndose ver? pero él se mostraba inalterable tratando de explicarse. Así que ella fuera de sí, se levantó gritando que los iba a demandar, se fue hacia la puerta, la abrió dispuesta a irse dando un buen portazo. Cuando la palma de la mano del director empujó la puerta cerrándola y muy seriamente la miró.
Ella pudo ver sus ojos verdes. Sentir su aliento. Y sin darse cuenta estaba entregada a un beso apasionado, a unos abrazos que recorrían todo la espalda de él, y notaba las manos de él en su culo presionándolo con fuerza. Y allí mismo, en el suelo como dos animales hicieron el amor y se revolcaron uno encima del otro, cada uno intentando dominar al otro.
No hubieron palabras, no hubo una otra vez, incluso se ignoraron siempre que se encontraron de nuevo en la oficina o en cualquier otro lugar. Como si no se conocieran de nada. Pero esta situación la había hecho reaccionar de que quería vivir con más pasión, que su vida perfecta había llegado a aburrirla, que quería ser libre.

domingo, 8 de marzo de 2009

Amiga

Ayer por la noche, me rapé el cabello al número 3.
Dejé mis cabellos largos y oscuros esparcidos por el suelo del baño. Cuando acabé me miré sonriendo en el espejo.
Hoy cuando salí a la calle, me encontré con reacciones de todo tipo. Desde los conocidos que me miraron con cara de estar yo loca y otros con cara de pena como si yo estuviera enferma.
Qué sabrán los demás de mí?
Hace pocos días, mi amiga, no sabía como decirme que ella estaba enferma. Hacía días que lo sabía, pero yo no había notado ningún cambio en su actitud y la había visto normal, con su sonrisa y sus ganas de hablar como siempre.
Un temblor recorrió todo mi cuerpo y mi primer pensamiento fue salir corriendo, pero me quedé quieta escuchándola, tragándome las lágrimas.
Deberás continuar luchando, nos lanzaremos juntas con un nudo en el estómago pero cuando lleguemos de nuevo al suelo, seguiremos caminando mirando hacia adelante.
Coge mi mano, recorreremos este nuevo duro trayecto juntas. Cuando a tí te crezca de nuevo tu hermosa cabellera yo dejaré crecer la mía.
Mientras soportaré las miradas ignorantes de la gente.

jueves, 5 de marzo de 2009

Nuevos tiempos y mejores hombres…


Te sorprende que yo lo diga.

Siempre los adultos mayores creen que en su época, cuando eran jóvenes, era mejor que ahora. Pero, para mí no. Claro que gozaba de belleza, de salud, de juventud, pero mi vida hubiese sido muy diferente si yo hubiera nacido 40 ó 50 años más tarde. Si hubiera nacido ahora.

Me has pedido que venga a vivir a tu casa. No ves que no lo puedo aceptar? Ahora que vives sola, estás independiente, tienes un buen trabajo, un buen sueldo, tienes todo lo que yo no tuve. El día menos pensado te enamorarás y querrás casarte con tu pareja. Sería muy egoísta por mi parte irme ahora, dejar toda mi vida y volver a empezar con 80 años. No puedo ni quiero ser una carga para nadie. Y por muy bien que esté ahora, piensa que el día de mañana que yo ya no me encuentre bien, aquí estaré muy bien atendida.

Sí que hace muchos años pensé en colgar los hábitos y empezar de nuevo, pero fuera de este convento no sabía como podría ganarme la vida y el mundo exterior me daba pánico. He dedicado mi vida a Dios, a la fe, a la docencia y me he sentido muy llena interiormente, pero hubo el momento que tuve aquella depresión tan grande por la muerte de mi hermano, tu padre, que encerrada en estas paredes creía que me iba a morir. Han pasado muchos años y sigo con la depresión. Mi infancia y la de tu padre fue muy dura.

La vida aquí en el convento no es fácil, todas a pesar de nuestras edades avanzadas, seguimos trabajando diariamente. Y ahora me han puesto en la portería de la escuela. Y yo ya estoy cansada.

Entre las hermanas la convivencia a veces tampoco es fácil, la madre superiora que es mucho más joven que yo, imagínate tiene 60, me tiene en el punto de mira y no me deja llamarte ni por teléfono para no gastar. Tengo siempre frío, supongo que es por la edad y ella por la noche nos para la calefacción, por lo mismo. Me riñe por todo como si yo fuera una niña.

Yo te agradezco todo tu interés pero ahora ya no concibo mi vida fuera de la casa, duramente he clavado mis raíces en esta tierra.

lunes, 23 de febrero de 2009

Quién te dijo que estás en el cielo?

Quién fue? la sociedad.
Hemos vivido a toda marcha, con excesos, no nos hemos estado de nada, que si casa, que si coche, que si vacaciones a Disneyland, que si cenas cada fin de semana, que si bodas y comuniones por todo lo alto, que si ahora me hace falta un ordenador, y que si no sé qué.
Con todo tipo de lujos a los que nuestra nómina no llegaba, pero que con créditos del banco podíamos llegar a obtener.
Total, ahora qué? Estamos en crisis. Lo que parecía que a nosotros, los ciudadanos nos quedaba lejano, ya lo padecemos seriamente en la gran mayoría de familias.

Y la burbuja petó...

Claro que todo tenía que petar por algún lado, y petó. Alguien ya lo había estado advirtiendo.
Ahora vivimos con las noticias diarias sobre la crisis y acabaremos acostumbrándonos a ello como cuando salen cadáveres por la tele, o la guerra de un país lejano o nos hablan de qué tiempo va a hacer mañana, no puedo evitar pensar que nos han llevado del cielo al infierno.
Los peces gordos continúan con su vidorra, y les importa un carajo todo, a pesar que quieran aparentar como que sí, mientras a ellos no les afecte en su economía doméstica.
La parte positiva, dicen que los genios surgen en épocas de crisis.

sábado, 21 de febrero de 2009

El secreto enterrado

Hace diez años enterré bajo una vieja higuera una caja de metal con los pocos objetos que tenía de mi novio. Ayer me dirigí al mismo lugar y escarbando la recuperé. Ya en casa, la abrí, y empecé a llorar desconsoladamente. Sus fotos, era tan guapo. Nuestras fotos, estábamos tan enamorados. Su anillo de plata, su cassette de música preferido y un regalo que me había hecho.
Yo le amaba con locura, vivía por él, estaba enamorada hasta el último poro de su piel.


Andrés padecía una depresión desde hacía un tiempo. Y decidió poner fin a su vida una noche tirándose desde las rocas al mar. Su familia preocupada viendo que Andrés no llegaba y por la mañana me llamaron. Me había estado toda la noche estudiando para un examen que tenía. Fuí corriendo a su casa para ver que pasaba. Al mediodía encontraron su cuerpo sin vida. La autopsia rebeló que había muerto por el golpe en la cabeza contra una roca.


Estuve con mi “suegra” en todo momento, le daba la mano, la acariciaba y la pobre mujer estaba destrozada. Todo el mundo se preocupó de mí, y yo desconsolada no oía ni lo que la gente me decía y todo el mundo tenía miedo de que yo no cometiera alguna locura también.


Como he dicho al principio, con la caja metálica entre las manos, recordé la última tarde con Andrés. Quería hablar conmigo. Me llevó a las rocas para estar a solas, allí me dijo que no quería continuar la relación, que yo era demasiado celosa, no le daba libertad y se sentía agobiado. Él quería continuar siendo amigos, pero nada más.


Yo empecé a llorar pero Andrés se mostraba impasible. Como ví que las lágrimas no le inmutaban empecé a calentarme y a gritarle. Él me decía que me calmara que al día siguiente si yo quería nos veríamos otra vez y volveríamos a hablar. Pero yo fuera de mí empecé a insultarle, a decirle que sin él me moriría, que no me dejara.
Se puso de pie, se iba a ir, cuando yo fuí corriendo por detrás y le empujé hacia el mar.


Lo demás ya lo sabéis. Sí, nadie sospechó nada. Nadie sabía que Andrés me quería dejar. Todos sabían que le estaba tratando un psicólogo. Y preferí vivir sin él, antes que me abandonara.


Cogeré la caja metálica y volveré a enterrarla en el mismo lugar. Con mi secreto en su interior. Sí, la pobre novia desconsolada! Eso es lo que pensaron. He vivido con la rabia de que me quisiera abandonar todos estos años, con el corazón helado.

jueves, 19 de febrero de 2009

Esas profundas aguas azul-turquesa…

...me han bañado desde que nací.

En esas aguas donde aprendí a enfrentarme a las olas, saltándolas o que pasaran por encima de mí y destruían los castillos de arena que yo había hecho en la orilla.
Las primeras noches que pude salir con mis amigos y amigas y acabábamos en ropa interior bañándonos en el mar negro. Con botellas clandestinas de alcohol y fumando tabaco, creíamos así ser mayores.

Dentro del mar hice el amor y en sus arenas dormí hasta que se hizo de día. Estirados mirando las estrellas nos prometíamos amor eterno.

Pero mis venas son saladas y festejaba con los chicos como lo hacen las olas, que tal como vienen se van.

El mar, la mar, testigo mudo de todas las historias que allí vivimos.
Pero de la belleza pasaba al horror cuando las aguas se exaltaban. Ya lo dice la canción: No te fies nunca de la calma que es madre del temporal.

Mi padre con sus compañeros fueron a pescar como cada noche y empezó una gran tormenta, el bote (barquito pequeño) donde iba mi padre se separó de la barca grande y lo perdieron. Pasó, y pasamos las peores horas de nuestra vida, a la deriva azotado por el viento, sin remos, sin radar, mojado completamente. Viendo su vida en un instante pasar.

Al cabo de bastantes horas una barca pasó por allí y lo encontraron. Mi padre llegó a tierra temblando como una hoja y besó el suelo cuando lo pisó. El mar nos había mostrado su peor cara, pero mi padre estaba vivo!!

jueves, 29 de enero de 2009

Llegan las barcas

Cuando era pequeña, los niños jugábamos correteando por las calles. Cuando en la Plaza del Pósito comenzaba a sonar la sirena significaba que los pescadores estaban llegando al puerto y apretábamos a correr hacia allí para esperarlos. Ni que no hubiera sonado la sirena sabíamos que llegaban por el revoloteo de las gaviotas en el cielo.
El puerto se llenaba de gente que quería verlos llegar y por qué no, algunos preparados con un balde para que algún pescador les pusiera dentro un puñado de sardinas o lo que hubieran pescado aquel día.
Ver llegar a mi padre era lo más hermoso. Tan guapo. Mi héroe.
Cuando a lo lejos bordeando el faro rojo entraban las primeras barcas yo decía: "Esa no es, que la de mi padre es verde y blanca, esa tampoco, esa tampoco, esa, esa es, la conozco, es mi padre"
Venía sucio, con olor de petróleo y pescado. Con su piel tostada al sol. Yo me acercaba para darle un beso y me contestaba: "No que vengo sucio" y yo se lo daba igualmente.
Y contenta ya podía continuar jugando.
Cuando mi padre dormía me entretenía sentándome a los pies de su cama y le iba sacando de los pies las escamas que se le habían quedado adheridas en la piel.