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martes, 12 de mayo de 2009

No llores



No llores porque terminó; sonríe porque sucedió.

- Gabriel García Márquez-

domingo, 1 de marzo de 2009

La herencia de la tía Isabel




Soy finalista del premio Constantí 2008 en Relatos de Familia!!!!

Hoy he ido a recoger el premio de manos del alcalde de Constantí, estoy muy feliz y contenta, con mi relato "L'herència de la tia Isabel" (La herencia de la tía Isabel).

Hoy quiero haceros una confesión a los que me leéis.

En el Blogguercedario escribí un post el 5 de febrero titulado "Nuevos tiempos y mejores hombres..." donde me ponía en la piel de una monja de 80 años. En los comentarios dije que me había basado en una monjita que conozco. Aunque la historia, de Blogguercedario, no era verídica.

Pues sí, en mi relato premiado hablo de la vida de Isabel.

Sí, la monja es de carne y hueso, ella sabía que yo quería escribir sobre su vida, pero lo que no sabía es que lo hubiera presentado en un concurso literario. Cuando hace pocos días me informaron que mi relato era finalista, me hice un hartón de llorar pero de felicidad. Tenía una promesa que cumplir con ella, me había pedido hacía tiempo, que nunca la olvidáramos mis hijas y yo.

Todo empezó hace dos veranos, cuando empezó a contarme su vida más personal y yo le dije que era para escribir un libro, ella sonriente me contestó que sí, que lo hiciera yo. Acordamos mútuamente que yo protegería su identidad. Y así lo he hecho, he cambiado su nombre, la de sus familiares y las poblaciones. Pero la historia es cierta.

El libro volará mañana hacia su casa. Para estar en manos de su verdadera dueña, la dueña de la historia. Yo sólo he sido una escritora.


A mi tía "Isabel", cómo te voy a olvidar con lo que yo te quiero!!

sábado, 21 de febrero de 2009

El secreto enterrado

Hace diez años enterré bajo una vieja higuera una caja de metal con los pocos objetos que tenía de mi novio. Ayer me dirigí al mismo lugar y escarbando la recuperé. Ya en casa, la abrí, y empecé a llorar desconsoladamente. Sus fotos, era tan guapo. Nuestras fotos, estábamos tan enamorados. Su anillo de plata, su cassette de música preferido y un regalo que me había hecho.
Yo le amaba con locura, vivía por él, estaba enamorada hasta el último poro de su piel.


Andrés padecía una depresión desde hacía un tiempo. Y decidió poner fin a su vida una noche tirándose desde las rocas al mar. Su familia preocupada viendo que Andrés no llegaba y por la mañana me llamaron. Me había estado toda la noche estudiando para un examen que tenía. Fuí corriendo a su casa para ver que pasaba. Al mediodía encontraron su cuerpo sin vida. La autopsia rebeló que había muerto por el golpe en la cabeza contra una roca.


Estuve con mi “suegra” en todo momento, le daba la mano, la acariciaba y la pobre mujer estaba destrozada. Todo el mundo se preocupó de mí, y yo desconsolada no oía ni lo que la gente me decía y todo el mundo tenía miedo de que yo no cometiera alguna locura también.


Como he dicho al principio, con la caja metálica entre las manos, recordé la última tarde con Andrés. Quería hablar conmigo. Me llevó a las rocas para estar a solas, allí me dijo que no quería continuar la relación, que yo era demasiado celosa, no le daba libertad y se sentía agobiado. Él quería continuar siendo amigos, pero nada más.


Yo empecé a llorar pero Andrés se mostraba impasible. Como ví que las lágrimas no le inmutaban empecé a calentarme y a gritarle. Él me decía que me calmara que al día siguiente si yo quería nos veríamos otra vez y volveríamos a hablar. Pero yo fuera de mí empecé a insultarle, a decirle que sin él me moriría, que no me dejara.
Se puso de pie, se iba a ir, cuando yo fuí corriendo por detrás y le empujé hacia el mar.


Lo demás ya lo sabéis. Sí, nadie sospechó nada. Nadie sabía que Andrés me quería dejar. Todos sabían que le estaba tratando un psicólogo. Y preferí vivir sin él, antes que me abandonara.


Cogeré la caja metálica y volveré a enterrarla en el mismo lugar. Con mi secreto en su interior. Sí, la pobre novia desconsolada! Eso es lo que pensaron. He vivido con la rabia de que me quisiera abandonar todos estos años, con el corazón helado.